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  • Adriana Hidalgo

MYANMAR: ¿QUÉ ES EL BUDISMO?

“One moment can change a day, one day can change a life and one life can change the world”



Myanmar, antes llamado Birmania, es uno de los pocos lugares que permanecen casi intactos a la influencia de la globalización. Eso es evidente, por ejemplo, en la vestimenta porque debe ser el primer país que he visitado donde casi nadie está (por no decir absolutamente nadie) utilizando un jean.


En un intento por entender un poco más del Budismo y su sociedad decidí pasar uno de los pocos días del viaje en un monasterio, (solamente para descubrir que el budismo en Myanmar lo viven a cada minuto)


EL MONASTERIO



No había mucho movimiento, era temprano y los monjes que no estaban recolectando donaciones por la calle estaban en sus cuartos. Lo primero que me llamó la atención fue que el sencillísimo monasterio tenía absolutamente todas sus puertas abiertas. No solo eso, tenía sillas y muchas fuentes de agua con vasitos para que los transeúntes puedan refrescarse y descansar. Comerciantes, niños con sus bicicletas jugando en los pasillos y muchos perros aprovechaban estos beneficios.


EL AMOR



Llamó mi atención un monje con paraguas que entraba y salía del monasterio con agua. Lo vi hacer eso tantas veces que decidí seguirlo. Justo detrás del monasterio estaba un botadero de basura, cuando me acerqué el olor era bastante desagradable y el calor insoportable por decir poco. El monje estaba ayudando a una familia a clasificar la basura. Entraba y salía para llevarles agua. No solo eso, sino que, al ofrecerse a ayudar, los niños de esa familia pudieron descansar y jugar en el monasterio en lugar de ayudar a sus padres. Con un poco más de atención me di cuenta de que el no era el único.


EL DESAPEGO


Al momento del almuerzo (que se merece un post por si solo) vi otro de los gestos más bonitos. Los monjes básicamente comen de las donaciones de las personas (y las cosas que no son donadas se compradas a las personas que más lo necesitan con dinero que también es donado. Para vivir no necesitan mucho a la final: mangos, arroz, incienso y artículos de limpieza). Los monjes salen a recolectar donaciones en la mañana, a veces reciben dinero, pero más reciben dulces y frutas. Cuando hacen la fila para entrar al comedor, muchos nos alineamos al lado para poder también ofrecerles alguna cosa. Los más pequeñitos, niños desde 8 años, aceptan todas las donaciones.


Los más grandes, sin embargo, en lugar de recibir, entregan sus mangos y dulces a los niños que están corriendo y pasando el tiempo en el monasterio. Me impresionó. Al día un monje en Myanmar come dos tazas de arroz, una en la mañana y otra al medio día. Y cuando es temporada un mango. Aun con tan poca comida, ellos están dispuestos a compartirla.


EL DESPERTAR


Ahí entendí todo. Los monjes enseñan con el ejemplo. Los monasterios son lugares que se auto sustentan y lo que reciben se aseguran de que llegue a todos lo que necesitan. Hablan de la sencillez y viven así, en un lugar construido con el esfuerzo de ellos y los voluntarios, que son además quienes ayudan con la limpieza y la cocina. Muchos de los monasterios son escuelas laicas y orfanatos para niños huérfanos.


En Myanmar se respira el budismo en los restaurantes que una vez a la semana dan comida gratis a quienes necesitan. Cuando las personas a diario y en turnos acuden a limpiar templos, escuelas y monasterios… y en tantas cosas más que fue tan claro para mí entender como esta sociedad que ha tenido una historia tan complicada, tienen una sonrisa auténtica en su cara y están dispuestos a compartir lo mejor.


“GIVE, EVEN IF YOU ONLY HAVE A LITTLE”



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